EDERLY, DE PIOTR DUMAŁA | 2015, 87’

Ederly es una ciudad que existe al margen del tiempo, en la frontera entre el sueño y el mundo real. Un día llega allí Słow, un restaurador de obras de arte. Todos los habitantes de Ederly lo toman por otra persona. El hombre se siente tentado por la posibilidad de renunciar a su identidad y adquirir una nueva. Al final empieza a funcionar en dos dimensiones: como ayudante del cura que ha venido para restaurar una escultura de la iglesia, y como hijo de una familia local, que vuelve a casa después de mucho tiempo. Es el segundo largometraje de ficción del consagrado animador polaco, Piotr Dumała, que esta vez apuesta por una comedia surrealista de ambiente kafkiano, divertida e inquietante al mismo tiempo.

  • Guión y Dirección: Piotr Dumała

  • Fotografía: Adam Sikora

  • Montaje: Beata Walentowska

  • Música: Selma Mutal

  • Reparto: Mariusz Bonaszewski (Słow), Helena Norowicz (la madre), Piotr Skiba (el hermano), Aleksandra Popławska (la asistenta), Wiesław Cichy (el cura), Jerzy Plażewski (el Profesor), Gabriela Muskała (la novia), Piotr Bajor, Aleksandra Górska

  • Producción: Andersa Street Art and Media, Polonia.

Premios:

  • Gdynia Film Festival – Premio Złoty Pazur (Garra de Oro) en el concurso Otra Mirada

Reseña de Iwona Cegiełkówna

Una frontera oscilante separa lo real de lo onírico. Tanto los filósofos como los literatos ponían en duda las posibilidades de su demarcación. Y, por supuesto, también lo hacía el cine porque la transgresión de fronteras de la imaginación es el fundamento de este arte. Los protagonistas de las películas de Piotr Dumała siempre balancean en el límite que separa lo imaginario de lo real, lo trágico de lo gracioso. Eso mismo ocurre en su ultima película, la segunda rodada con actores en la carrera de este maravilloso creador del cine de animación.

Ederly nos traslada al paisaje bucólico de una localidad de provincias cuyo nombre brinda el título a la película. Entre unos pintorescos prados avanza un autobús. De él baja un hombre de mediana edad, de nombre Słow (interpretado por Mariusz Bonaszewski). Es un restaurador de monumentos, contratado por el cura de la localidad. Pero ya es de noche y Słow, que está buscando alojamiento, a la hora de la cena llega a casa de la familia Kitus, donde le toman por el hijo desaparecido de la señora de la casa (Helena Norowicz). Słow protesta y trata de explicarse pero eso no hace más que causar la irritación creciente de los anfitriones. Finalmente Słow, reconoce ser su vástago perdido para no hacer daño a la madre que añora a su hijo; más esto causa una avalancha de nuevas complicaciones. A lo largo de muchos años habían estado esperando al hijo, la madre y el hermano Krzysztof ( Piotr Skiba) como también la novia, aunque Słow se siente atraído por la atractiva sirvienta con la que tiene una aventura. Entonces, de los armarios familiares (o más bien sótanos) empiezan a salir cadáveres.

Ederly, galardonada con la Garra de Oro por el festival de Gdynia Otras Miradas, representa el cine sublimado del género y de la narración. La novela negra bombardeada con el humor negro y la contemporaneidad grotesca participan mano a mano en esa incursión nostálgica al pasado. Los significados y los sistemas temporales se ven mezclados. Como en el debut del director, la película La Caperucita Negra (1983) en la que la Caperucita se come al lobo y la cadena de personajes que se devoran mutuamente se enreda. También aquí Dumała juega con los clichés del género, los mitos culturales y los hábitos del espectador. Ederly se caracteriza por una anarquía narrativa semejante a la de La libertad de la pierna (1988) done la extremidad del hombre presentado en la pantalla empieza su propia vida nocturna mientras él duerme.

Los protagonistas de Ederly, aunque tienen su referente en los arquetipos del género, polemizan con ellos. La sirvienta es una amante cariñosa y una femme fatale fría que da la espalda a Słow en un momento decisivo. Los policías al principio se caracterizan por la indiferencia y la torpeza, tal como generalmente la gente se imagina a los de su condición profesional, pero finalmente uno de ellos rompe esta imagen estereotipada ofreciéndole al protagonista galletas en el coche policial. La escena donde los protagonistas empiezan a comportarse como niños en un autocar que los lleva de excursión escolar sugiere también una pista interpretativa. Todo no es mas que una diversión, un juego, una broma, parece decir el director. Pero puede haber más pistas. Por ejemplo: ¿acaso es un sueño de Słow? ¿O quizás el sueño de su presunto hermano Krzysztof? ¿O quizás ambos están metidos en una realidad cuyos hilos maneja un hiperprotagonista? En Słow hay mucho de los personajes de otras películas de Dumała sacados de una realidad llena de absurdos y paradojas (Una criatura gentil o Franz Kafka). Por otro lado, los protagonistas que son (¿únicamente?) la proyección de los deseos, los sueños o las sospechas del entorno. De Słow lo que sabemos es que no es (¿es?) el hijo, no es el hermano, no es el novio. ¿Quién es?

En Ederly las identidades se funden; por ejemplo la novia y la sirvienta pueden ser consideradas la cara y la cruz de la misma mujer a la que el protagonista abandona pero a la que desea. Hay reminiscencias de Castillo de Kafka y de Gombrowicz, y del Sueño de una noche de verano de Shakespeare. Incluso (hasta cierto punto) de la anterior película con actores, El bosque (2009) en la que el mismo actor Mariusz Bonaszewski hace el papel principal (y lo hace magistralmente). De este conmovedor drama sobre la muerte, la despedida, la aceptación de lo inevitable Dumała parece salir en Ederly hacia una zona más clara recordando que es un artista de gran sensibilidad pero también del sentido del humor nada despreciable.

El lado visual desempeña un papel destacado en la creación de esta visión ya tradicionalmente en este director. Dumała pocas veces trabaja con color, también aquí toda la película se mantiene en blanco y negro. Elige el código visual que hace pensar en los años 60, pero no es la expresión de la añoranza de la época comunista sino más bien la elección de una estética que recuerda p. ej. el cine de aquellos años. El mundo de Ederly recurre a las épocas pasadas solo desde el punto de vista de la escenografía. El director enlaza en la capa narrativa los elementos que evocan los sinsentidos de la popcultura del siglo XXI, tales como el culebrón latinoamericano Los años perdidos que sigue la ama de llaves del cura. El absurdo del tele-balbuceo ( Has matado y has comido a mi madre! – La comí pero no la maté. ¡Fue un regalo!) entra en correlación aquí con el absurdo de la situación del protagonista. En Ederly Dumała pone la realidad entre paréntesis, doble paréntesis y parece repetir tras Puk shakesperiano: “Pensad (…) que todo lo que pasó, pasó solo en sueño de los dormidos”.

© Kino núm. 11, noviembre 2016, p.86