Esas hijas mías (Moje córki krowy), de Kinga Dębska| 2015, 88’

Premio del Público en el Festival de Cine de Gdynia 2015. Historia de dos hermanas enfrentadas a una difícil situación familiar en la que están obligadas a reencontrarse y cooperar. Marta es una mujer de éxito, estrella de series de televisión, sola cría a su hija. Kasia, maestra de escuela, casada con un inútil a quien no tiene más remedio que mantener, es todo lo opuesto. Cuando sus padres de repente enferman, ambas tienen que cuidar de ellos. La directora Dębska cuenta una historia sobre la enfermedad y la muerte, pero lo hace con gran dosis de ternura, humor e ironía.

  • Guión y dirección: Kinga Dębska

  • Fotografía: Andrzej Wojciechowski

  • Montaje: Bartosz Karczyński

  • Música: Bartosz Chajdecki

  • Producción: Studio Filmowe Kalejdoskop, Polonia.

  • Reparto: Agata Kulesza (Marta Makowska), Gabriela Muskała (Kasia, hermana de Marta), Marian Dziędziel (Tadeusz Makowski, padre de Marta y Kasia), Marcin Dorociński (marido de Kasia), Małgorzata Niemirska (Elżbieta, madre de Marta y Kasia)

Premios:

  • Gdynia Film Festival – Premio del Público y de los Periodistas

  • Ann Arbor Film Festival – Premio del Público

  • Festival Internacional de Cine Independiente “Off Camera” (Cracovia) – Premio del Público

  • Premio “Orzeł” de la Academia Polaca de Cine al Mejor Guión

Entrevista con la directora Kinga Dębska.

Hablemos de la película Esas hijas mías, en la que se sumerge usted en una experiencia dolorosa, la muerte de sus padres: no eran viejos todavía, murieron casi de repente en un periodo de tiempo muy corto. Me interesé por la realización de Esas hijas… porque yo también muy de repente y muy pronto había perdido a mi padre. Ya desde el principio usted anunciaba que a pesar de todo sería una historia serena. ¿Es por el tiempo que ya transcurrió desde el fallecimiento de sus padres?

Mi forma de ver el mundo es así, no me gusta hacer manifestación de tristeza o tragedia, prefiero ocultar la tristeza tras una sonrisa. ¿Para qué cargar el mundo con otro drama, el mío? Terminé la escuela de cine checa FAMU en Praga donde el humor estaba bien visto. No solo en el cine, también en la literatura, en la vida simplemente. Aquí [en Polonia] el humor en el arte es siempre sospechoso. No reprocho al jurado de Gdynia el veredicto pero me parece que si hubiera rodado un drama sicológico sobre este tema sin un asomo de humor, habríamos ganado algún premio del jurado…. Aunque creo que recibí el más importante: el Premio del Público. Además Esas hijas mías obtuvo también el Premio de los Periodistas y de la Red de Cines de Arte y Ensayo y Cines Locales. Tuve la suerte de rodar esta película en el momento ideal para mí: cuando las emociones aún estaban vivas y me acordaba de todo perfectamente, y por otro lado, ya había pasado algún tiempo de la muerte de mis padres. Si hubiera pasado un año más esta distancia habría sido aún más grande y las emociones ya no estarían a flor de piel. Pero la historia contada en el cine no es mi historia, la verdad constituyó el punto de partida para una historia ficticia de dos hermanas diametralmente distintas enfrentadas a una situación dramática.

Es también una documentalista. ¿Desde el principio tenía pensado hacer un largometraje sobre este tema? Recuerdo su documental Te contaré un cuento en el cual nos mostró a su abuela y su despedida de la vida.

Hubiera sido una película mucho mejor si no habría cortado todos los momentos graciosos pero que podrían herir a mi familia. En cuanto a Esas hijas mías ni por un momento pensé en ella como en un documental. Recurro a la muerte de mis padres pero los personajes no son ni yo ni mi hermana, mi papá o mi mamá. La idea primaria de Esas hijas mías era que sería una película sobre la despedida de mi mamá. Mientras ella estaba en el hospital empecé a escribir un diario para dar escape a mis emociones. Cuando por primera vez pensé en la película ya sabía que sería serena porque yo misma hubiera querido ver una película así sobre este tema, no naufragar en la tragedia sino alejarme de ella, verla desde una distancia. Me alegra mucho que cuando escribía el guión tenía a mano el script del doctor Maciej Sobieszczanski, que es totalmente diferente de mí. Porque yo soy emocional, yo experimento, vivo todo muy en profundidad y se me nota. Sin embargo él es un intelectual reservado que tonificaba mis emociones, estaba al lado. Lo necesitaba mucho.

Dijo usted que no quería tocar los asuntos familiares directamente. Pero tuvo que revelar un poco de su privacidad. ¿No tuvo miedo?

Solo yo sé lo que es verdadero en la película y lo que es ficción. Y de mi depende si lo revelo o no. Terminé la primera versión del guión cuando mi papá todavía vivía. Tras su muerte me fui a Italia sola, para hacer el duelo en soledad. Allí escribí la segunda versión del guión que se convirtió en la historia de la despedida de los dos padres. Y esa es la versión que empezamos a trabajar Maciek y yo.

Cuando entró en el plató con este guión, ¿ha dado campo libre a los actores o esperaba de ellos que la harían ver trozos de su historia verdadera en sus papeles, después de hablar con ellos? En una palabra: ¿dónde estaba el punto de contacto entre la verdad y la ficción?

Le daré un ejemplo muy concreto: la primera conversación fue con Agata Kulesza que hace el papel de Marta, una de las hermanas, mi alter ego. Agata me preguntó directamente si tenía que imitarme, mis gestos, mis rictus etc. Le dije que en absoluto, que quería que construyera un personaje nuevo que no fuese yo para nada. Agata puso en este personaje mucho de sí misma, sé que Marta la costó mucho. Recuerdo el rodaje de la escena cuando Marta recoge los resultados de la prueba histopatológica del padre. En el guión pusimos que gritaba, se ponía histérica, insultaba a la enfermera. Entonces ya habíamos hecho gran parte del rodaje y resultó que una reacción así no sería verdadera, que nuestra Marta reaccionaría de otra manera.

El director suele hablar con los actores sobre el pasado de los protagonistas, también cuando son ficticios. Marian Dziędziel que en su película hace el papel del padre me contó una vez como, en el rodaje de La casa mala Wojciech Smarzowski y él se imaginaban al detalle que había hecho antes y quién había sido Dziabas, el protagonista. Y no era para mostrarlo en la pantalla sino para tenerlo en la cabeza. ¿Las conversaciones en el caso de Esas hijas… tenían ese carácter especial? Porque usted sabe qué ocurrió de verdad…

Creo que el trabajo con los actores de Esas hijas mías no se diferenciaba en nada del trabajo con los actores en cualquier otra película. Nos imaginamos los personajes, su mundo, su pasado. Uno de los papeles de reparto lo hizo mi hija y por supuesto Marian Dziędziel veía en ella una fuente de información. Congeniaron mucho. Marian sacó de ella algunas cosillas, algunos rasgos característicos de su abuelo y mi padre. Tenía un papel difícil: interpretar a alguien con un tumor cerebral no diagnosticado que en algunos momentos empieza a comportarse de manera extraña. Pero después vuelve a la normalidad por algún tiempo, a ser cómo era antes. Consideramos, tanto yo como los actores, que es una familia en la que hay amor. Los protagonistas no son perfectos, tienen un montón de problemas, defectos, rencores, no saben decirse ciertas cosas. Pero se quieren. En cierta manera eso responde a lo que experimentábamos en mi casa: que no se hablaba de las emociones, no había abrazos. Pero el amor siempre existía aunque nunca expresado directamente.

En la película hay una sola escena que muestra la vida familiar de las hermanas y de sus padres, cuando todos aún están sanos. Después el pasado vuelve solo en conversaciones cuando la madre ya está en el hospital, inconsciente.

Creo que es suficiente. Rodamos más escenas de cuando la madre aún estaba bien, pero las eliminé. En el montaje deseché muchas otras escenas maravillosas teniendo en mente la famosa frase de Kieslowski que un buen director se reconoce por si es capaz de recortar una escena si no es necesaria para la película. Cuando montábamos Esas hijas… teníamos la sala de montaje abierta, hacíamos proyecciones de versiones de la película e invitábamos a la gente: a Wojciech Marczewski, a la gente de la escuela de Wajda, a los directores amigos. Nos dieron consejos muy valiosos. Barajábamos muchos comienzos y finales, metíamos y sacábamos situaciones. Yo quería mantener el tono agridulce. Desde su origen la película iba a ser una tragicomedia.

El personaje que aporta más humor es Kasia interpretada por Gabriela Muskała. ¿No tenía reparos en que a su verdadera hermana no le gustaría ese personaje?

Mientras estaba rodando no pensaba en ello. La película era lo más importante. En el plató se enciende la luz de la profesionalidad. Estaba trabajando y realizaba objetivos que tenía para ese día concreto: por ejemplo la escena de la muerte de la madre. El equipo se conmovía pero yo permanecía emocionalmente retraída. Mi hermana por supuesto ya conoce la película y después de verla me dijo: de acuerdo, Kulesza y Muskala son buenas pero, por suerte, ninguna se parece a mí. Quiere decir que mezclé la verdad y la ficción bien, creé personajes nuevos, no reconstruí a mí misma ni a mi hermana. Sentí alivio. Mi hermana es especialmente importante para mí, la quiero un montón y no quisiera que la película estropeara algo entre nosotras, sobre todo que conseguimos poner en orden muchas cosas juntas.

¿Hacer una película sobre una familia que se quiere supone que cada protagonista tiene buenas intenciones? En una de las escenas, después de saberse la diagnosis del tumor cerebral del padre, sucede una conversación muy agria entre las hermanas. Kasia propone incapacitar al padre porque puede dilapidar todos su bienes. Marta lo ve como un claro intento de un sablazo.

A Gabriela Muskała le resultaba difícil rodar esta escena, intentaba defender a su personaje de modo que también se resistía a pronunciar las palabras sobre la incapacitación. Pero yo insistí. Simplemente necesitaba en la película un momento, punto crítico como ese. Si las hermanas fueran iguales, si ambas actuaran siempre bien y con cordura la película no sería interesante. Además, en las situaciones límite salen de nosotros cosas terribles. Lo experimenté en mi propia persona. En el rodaje todos los motivos que lo demostraban me parecían importantes. Por eso Kasia, esa hermana infantil y menos lista, pronuncia casi sin pensarlo la palabra incapacitación. No creo que haya actuado mal. En el libro que presentará la historia de Esas hijas mías de manera algo diferente, desarrollé este motivo para mostrar que Kasia también tenía sus razones.

¿Ha cerrado una cierta etapa importante de sus vivencias con Esas hijas mías y mira de otra manera lo que había ocurrido?

Creo que esta película era una especie de la conclusión del duelo. No me gusta esta palabra pero aquí es la que mejor encaja. Cuando cerramos el montaje sentí que se acababa la vida artificial de la película y que había que volver a la real. Entonces me desmoroné un poco. Me di cuenta que realizando Esas hijas mías en cierto modo huía, aplazaba el duelo tras la muerte de mis padres. Porque durante el rodaje ellos, de alguna manera, aún vivían: en los actores, en las situaciones, en sus bromas que circulaban en el plató. Pero, al terminar la película, tuve que despedirme de ellos de verdad. Volví a eso después por un momento mientras estaba escribiendo el libro aunque a mucho menor escala. Quizás suene mal pero gracias a la película conseguí encontrar algún sentido profundo en la desaparición de mis padres. Las relaciones entre mi hermana y yo son ahora fantásticas. Yo misma cambié en cierto modo. Hubo un momento en que tuve dudas si no abusaba de implicar mi vida en el rodaje de Esas hijas…, pero, por otro lado, el recibimiento en el festival de Gdynia, cuando cientos de personas se levantaron de sus asientos llorando y aplaudiendo durante más de cinco minutos fue una experiencia inolvidable. Me puse a llorar.

Entrevistador: Piotr Śmialowski

© Kino, núm. 1, enero 2016, pp.19-21

Reseña de Małgorzata Steciak

Cualquiera que en algún momento de su vida tuvo que afrontar la pérdida de un prójimo conoce perfectamente esta imagen. Un pasillo del hospital por el que deambulan los familiares desorientados; arrancados de pronto de su día a día intentan dominar la tensión creciente y la incertidumbre. Uno está buscando una silla para el patriarca de la estirpe. La histérica de la familia, subida a sus tacones, hace gestos patéticos de desesperación. Los demás miran en derredor buscando nerviosamente al médico que, desgraciadamente, como pronto se sabrá, no tiene para ellos buenas noticias. Marta (Agata Kulesza), esa mujer que pisa firmemente la tierra y es la única en mantener las emociones en vereda, al principio parece ser una observadora irónica de este teatro familiar. Mira con una mezcla de benevolencia y compasión a su llorosa hermana (Gabriela Muskała) cuando ésa pregunta a los médicos si todo irá bien. Porque ya se sabe que nada irá bien.

Al conocer la noticia del derrame que sufre su madre es precisamente Marta la que retoma el papel de la cabeza de familia; mientras los demás aún no son capaces de recomponer los jirones de la información, ella actúa. Plantea preguntas concretas, analiza, busca soluciones efectivas. Deja las emociones para después. Es una clase de bomba con efecto retardado. Marta es una actriz soltera de cuarenta y tantos que comparte su vida entre el plató de rodaje de un culebrón de turno y una hija adolescente. Ha conseguido el éxito profesional y económico pero la vida privada no le va bien. Kasia (Muskała) es su contraria, esa maestra emocionalmente desequilibrada, que dura en un matrimonio no del todo logrado con Grzegorz (Marcin Dorociński), un viva la Virgen crónicamente desempleado. Casi todo separa a las hermanas: el aspecto, el estilo de vestir, los caracteres, el estatus económico, la manera de ver las relaciones con los hombres. Kasia ahoga sus tristezas en el alcohol. Marta se refugia en el trabajo. La enfermedad y luego la pérdida de uno de los padres obliga a las hermanas a reanudar el contacto y a intentar calmar el conflicto entre ellas. Kinga Dębska, la directora y autora del guión de Esas hijas mías, realiza una vivisección en el tejido vivo de las relaciones y la memoria, esbozando un interesante retrato de una familia polaca al borde de un colapso nervioso.

La directora basa la historia de las dos hermanas en contrastes. Hace chocar sus temperamentos, creando en los encuadres estáticos un teatro familiar de prejuicios, dando al mismo tiempo una lección maestra de cómo combinar diferentes sentimientos; la amargura y la pena se entrelazan con la esperanza, las explosiones de rabia se contrapesan con la risa. Dębska se mueve por territorios temáticos de lo más variados sin colisionar. En su película como en una lente se concentran las neurosis de una familia polaca a horcajadas entre la modernidad y la tradición, donde con la misma energía se pide una misa por el enfermo o la ayuda de un bioenergoterapeuta. Aunque en este psicodrama familiar la protagonista interpretada por Kulesza permanece en la primera plana, pronto se hace evidente que la verdadera estrella de Esas hijas mías es Marian Dziędziel en el papel del padre de las dos mujeres, un anciano travieso, amante de un lenguaje contundente. La misión de salvarlo de sí mismo une a las hermanas en conflicto y les permite a prepararse a la inevitable despedida.

La película Esas hijas mías recoge obsesiones y experiencias del cine oncológico polaco tanto desde su lado temático como formal. Parece ser la obra más lograda de todas las películas dedicadas al cáncer y estrenadas el año pasado – recordemos Quimio (Chemia) de Bartosz Prokopowicz disfrazada de musical y Vivir no morir (Żyć nie umierać) de Maciej Migas que se deja atrapar por las garras de lo trivial. Y aunque en el guión no faltan exageraciones y oposiciones contrastadas, su talento fuera de serie para llevar a los actores y para guardar las proporciones precisas del drama y de la comedia protege a la directora. La manera de ver la desaparición y la muerte de Dębska empieza allí donde se acaba Vivir no morir. En la película de Migas el fantasma de la muerte que se acerca se convierte en el pretexto para grandes gestos y cuentas vitales. En Esas hijas mías la directora se concentra más bien en cómo nuestras ideas sobre la muerte de los más cercanos frecuentemente se hacen pedazos en confrontación con la banalidad de lo cotidiano.

La muerte no es el punto culminante en la película de Dębska. Constituye más bien una clase de boquete en el ritmo constante de los ritos familiares, algo que ocurre como de pasada, mientras entramos en un lavabo del hospital y planificamos vacaciones en el Egipto. Lo que interesa a la directora, que hace unos años debutó con Hel, es el impacto del fenómeno de la partida final en la dinámica de las relaciones entre humanos, su increíble capacidad de fortalecer los lazos, incluso si, lejos de llevar a la purificación a menudo esto conduce a más frustraciones.

Esas hijas mías es un verdadero melodrama familiar en brazos de una comedia agridulce. El cine clásico, sencillo, huyendo de grandes metáforas y al mismo tiempo tan cercano a la verdad de los personajes que cualquiera es capaz de ver en los protagonistas el reflejo de sus propios seres cercanos. Dębska prueba que tiene una preparación magnífica y que sabe contar las cosas más difíciles con una habilidad extraordinaria y sin recurrir al chantaje emocional. Por eso se merece nuestros aplausos.

© Kino, núm. 1, enero 2016, p.69